Playa del Gato

«Ya no hubo más funcionarios demasiado ocupados como para cogerle el teléfono, no más trámites burocráticos cuando necesitaba extraer datos del corazón de la máquina municipal. Tac tac tac, se multiplicaba el eco [de sus tacones] en los pasillos solitarios, se abrían las puertas de los negociados y en cada nivel y categoría alguien intentaba ganarse su favor»

Felicidades

«Dos hileras de dientes se entreabrieron como las compuertas de un depósito de misiles y dejaron asomar la lengua sonrosada, pueden pasar cuando quieran, al fondo del todo, y los ancianos se incorporaron arrastrando el peso de 150.000 años de evolucionada naturaleza humana. El hombre siseó “puta” y la mujer silabeó “cabrón”. La sonrisa del mostrador se ensanchó hasta componer el rictus de un payaso de película de terror, y segundos después el zumbido de una leve corriente eléctrica hizo que una puerta se abriera, y enseguida se oyó al agudo chasquido del cierre»

Destellos

«La felicidad es un café humeante manchado de crema en la candente superficie. Cada sorbo contenía las ilusiones recobradas, las expectativas apiñadas de cualquier manera en el rincón más oscuro de un polvoriento armario. El último sorbo descubría la taza vacía, las gotas ya tibias de un líquido oscuro resbalando lentamente por la pulida superficie de la loza. Y tras el café el camino de vuelta, la visita al supermercado, se acabaron los cereales que le gustan al pequeño, le llevará pizza barbacoa al mayor, patatas fritas para todos. Entrará en casa con una bolsa en cada mano, los niños correrán a descubrir si lleva golosinas, y ese personaje infantil con el que se casó se mantendrá muy concentrado en la repetición de la última jugada, atrapada en cincuenta espléndidas pulgadas»