Construyendo Europa desde Antequera

El IES Pedro Espinosa de Antequera ha salido recientemente en los medios por haber ganado el Premio Europeo a la Enseñanza Innovadora 2021, por el proyecto ERASMUS+ “IMAGINE”, coordinado por nuestros socios y amigos croatas. Es un gran orgullo para todo el equipo de profesionales que de una manera u otra nos hemos implicado en llevarlo a buen puerto.

Mi entrada en los proyectos europeos es una lógica continuación de mi vida personal: como muchos de los españoles nacidos en los últimos años de lo que se ha venido llamando “generación X”, tuve la oportunidad de disfrutar de una estancia Erasmus en Kingston-upon-Hull (en el Reino Unido europeo: ¿se acuerdan?) en el año 96 – 97. Al curso siguiente, conocí a quien hoy es mi mujer en la Universidad de Córdoba: ella era alumna Erasmus y yo tutor de alojamiento Erasmus. Nuestros hijos son hispano-franceses (o franco-españoles) y hablan y comparten los valores tanto de Francia como de España. Son fruto, sin duda, de la acción europea Erasmus, una de las políticas comunitarias más exitosas hasta el momento.

Como profesor de inglés con 21 años de profesión (16 de los cuales en contacto con Erasmus), estoy convencido de que el aspecto más importante de nuestra labor es la formación de la nueva sociedad que regirá nuestros destinos en el futuro. Nuestros jóvenes están en un proceso de búsqueda: jamás en su vida serán tan receptivos como ahora a nuevas ideas, a valores que quizás no hayan conocido en casa, o a principios democráticos que influyan en su futuro. Siempre he intentado inculcar los principios europeos de democracia, respeto a la diversidad y multilateralismo, como principios básicos que todo ciudadano debe poseer. En ese contexto, los programas europeos Erasmus en secundaria son una herramienta fundamental.

IMAGINE fue un proyecto de cooperación escolar entre seis centros de secundaria europeos, ubicados en las localidades de Durdevac (Croacia), Dijon (Francia), Palermo (Italia), Boden (Suecia), Bucarest (Rumanía), además del nuestro. El proyecto, bianual, como la gran mayoría de los Erasmus+ de secundaria, se desarrolló entre 2016 y 2018, y es con ocasión del 30º aniversario del programa Erasmus, al crearse los EITA Awards, o Premios Europeos a la Enseñanza Innovadora, que ha recibido el premio, recogido por nuestra coordinadora, Ana Huzjak.

El proyecto, coordinado por Croacia, parte de los valores universalistas, de tolerancia, y, ¿por qué no? con su puntito revolucionario añadido,  de la canción Imagine, de John Lennon: pretendíamos hacer ver en nuestro alumnado la idea de que es posible cambiar el mundo y transformarlo mediante el altruismo, la generosidad y  la cooperación entre iguales. El proyecto se basó en cinco bloques relacionados con distintos tipos de discriminación: la basada en el género o en la identidad sexual, la discriminación por motivos religiosos, la discriminación por discapacidades físicas o mentales, la discriminación hacia las personas migrantes o de distinta etnia, y la discriminación hacia las personas hablantes de lenguas minoritarias.

La metodología que se usó en el proyecto, idéntica en cada uno de los bloques estudiados, consistía en una primera fase de observación e investigación, y otra de puesta en común, que se desarrollaba en formato de encuentro europeo, organizado, alternativamente, por cada uno de los países participantes.

El alumnado salía a las calles de Antequera para comprobar la problemática a estudio, y comunicar al resto de socios europeos la situación en el país, en la comunidad autónoma y en la localidad.

La primera fase es de enorme relevancia, ya que para el desconocedor de los proyectos europeos, Erasmus es sinónimo de viajar y pasarlo bien, sin más. Nada más lejos de la realidad: en la fase de investigación, el alumnado participante salía a las calles, en nuestro caso, a las de Antequera, para comprobar la existencia o no de la problemática objeto de estudio, para después elaborar materiales con el objetivo de comunicar al resto de socios europeos la situación en el país, en la comunidad autónoma y en la localidad.

Esto que parece tan sencillo de explicar supone un cambio radical en la manera tradicional de enfocar el proceso de enseñanza-aprendizaje: el equipo docente ya no “enseña” desde el punto de vista expositivo, sino que, una vez presentado el módulo a tratar, asume funciones de acompañamiento en el proceso, siendo el alumno quien, en equipo, y de manera colaborativa, decide: qué investigar, dónde ir, cómo contactar con las personas adultas relevantes y, a partir de esta fase de observación,  qué material informativo elaborar (partiendo, en muchas ocasiones, de la propia legislación estatal o autonómica).

Una vez producido el material (frecuentemente a través de presentaciones power point, pero también en formato vídeo ), el alumnado debe “ensayar” cómo comunicarlo en español y, de cara a los desplazamientos al extranjero, en inglés. Si empezamos a sumar competencias involucradas en este proceso se verá que el proyecto las cubre todas: competencia social y ciudadana, competencia de aprender a aprender, competencia lingüística en su lengua y en lengua inglesa, competencia digital, y otras más.

Tras esta primera aproximación, el equipo de alumnado participante en el proyecto hace algo más antes de salir de viaje a Europa: creará una dinámica de grupos que girará en torno a lo aprendido, para ser desarrollada durante el encuentro. Las dinámicas de grupo son muy variadas, y buscan concienciar sobre la problemática en cuestión. Han elaborado dinámicas usando la improvisación teatral, los juegos de rol, búsquedas del tesoro, juegos con alguna que otra vuelta de tuerca… nuestros jóvenes son creativos en cuanto difuminamos las cuatro paredes del aula y empequeñecemos el rol tradicional del profesor.

En una segunda fase, nuestro centro envió a un encuentro europeo a una delegación formada por profesorado y alumnado, que tenía como misión explicar el trabajo realizado, exponer si existía o no un problema de discriminación en la localidad, y, con posterioridad, implementar una dinámica de grupos en la que  nuestros alumnos asumían el liderazgo, dirigiendo al resto de los asistentes al encuentro.

Es en estos encuentros en los que merece la pena detenerse, ya que en ellos participa alumnado que, en ocasiones, viaja por primera vez al extranjero. Alumnado que se aloja en casas de familias con valores muy distintos a los de la suya propia. Alumnado que desarrolla una presentación power point y una dinámica de grupos en inglés. Alumnado que conoce a jóvenes de su edad, y que descubre que los valores de la juventud no conocen barreras geográficas.

Atesoro los recuerdos de los encuentros europeos como lo más preciado de lo que llevo de experiencia docente: las risas, las complicidades entre jóvenes a la media hora de conocerse, el inglés vacilante que poco a poco se va asentando y consolidando, el asombro de los alumnos cuando me dicen: “¡profe, hoy he soñado en inglés!”

Tras una semana de encuentro, a su vuelta a Antequera, el alumno participante es otro: ha adquirido autonomía personal (tanto en la fase de investigación en su localidad como en el encuentro) y seguridad en sí mismo en lo relativo a la lengua inglesa, y, sobre todo, ha eliminado prejuicios, si los tenía: ha visto qué hay ahí fuera, por lo que tiene más elementos para, en cuestión de pocos años, convertirse en un ciudadano abierto, libre de prejuicios, participativo y europeísta, comprometido con  la transformación de su ciudad. Es así como todo el tiempo invertido termina revirtiendo en una mejora a nivel local.

A lo largo de nuestro proyecto IMAGINE, nuestro alumnado ha podido viajar más allá del Círculo Polar Ártico, ha podido experimentar las limitaciones al jugar al baloncesto en silla de ruedas, ha descubierto Antequera Solidaria y ha participado en una comida de hermandad junto con los jóvenes migrantes acogidos en La Trinidad, ha repartido comida en un comedor social en Dijon, y participado en un debate sobre el ecumenismo religioso en Palermo, ha leído Wonder, de Raquel Palacio, Bad Feminist, de Roxane Gay y ha visto Pride, dirigida por Mathew Warchus.

Paradójicamente, los proyectos europeos nos hacen descubrir nuestra ciudad, y nos permiten, con el bagaje acumulado, transformarla en algo mejor. Merece la pena. Sin duda.

Alberto Herrera es profesor de Inglés y coordinador bilingüe del IES Pedro Espinosa de Antequera