No me gusta la oscuridad absoluta en el dormitorio, en realidad no me gusta lo absoluto en nada. Cuando suena la alarma del despertador veo a través de las rendijas de la ventana que aún no ha amanecido. La maquinaria física y mental se va desperezando, eso sí con la ayuda externa de un café, ese rico olor activa algo más mis sentidos. Tengo que fijar mis objetivos.
Desde hace unos días me encuentro rara, no en plan de estar mal, más bien rara, como de buscar una rutina, llevo unos días que esas pautas no se cumplen, ni alarma que me active (que me asuste sería mejor decir). Cuando abro los ojos entra luz por la ventana, el ritual del café es pausado para saborearlo de verdad. Sentada en mi rincón preferido de la cocina, leo de manera tranquila los primeros wasap, me hago con el día informativo, preparando agenda: que si deporte, que si ir al curso tal o cual, que si quedar con… ¡Ah! Tengo que cargar la cámara, hoy voy a hacer fotos por Veracruz. Además con la sensación como de fin de semana. Estoy rara, no en plan mal, no, lo que estoy es ¡jubilada!
Llevo tiempo preparándome para ello, soy firme defensora del envejecimiento activo, por lo que actividades y agenda propia, y compartida, no me van a faltar. Pero de lo que no me he jubilado es de ser yo misma, o sea de reflexionar sobre lo que me pasa, de detenerme en mis sensaciones.
Cuando salgo de paseo deportivo descubro un número importante de personas en esa misma actividad, las descubro en espacios de formación, compartiendo actividades culturales… ¿dónde estaban antes? Más bien dónde no estaba yo. Ahora caigo, es que nos estamos jubilando los Baby Boomer, que vamos a dejar algo más mermadas las arcas de la Seguridad Social. Diré en nuestro favor que seguimos cotizando aún con la pensión y que se trata de que hemos estado contribuyendo con nuestro trabajo, retenciones e impuestos al desarrollo del estado de bienestar, que por cierto hay que reforzarlo y no cuestionarlo.
La caminata de la mañana me da oportunidades de practicar lo que denomino mis fotos sociales, a veces logro plasmar algo con el objetivo de mi cámara
Seguimos en el activismo social y de alguna manera somos influencers, con algo más de edad y sin lucir postureo, pues utilizamos redes sociales a trancas y barrancas, hemos entrado en la globalización y nuevas tecnologías, y además, ahora sí, nuestros vástagos resultan que nos piden consejo, nos hacen caso e incluso influimos en nuestros nietos adolescentes.
La caminata de la mañana me da oportunidades de practicar lo que denomino mis fotos sociales, a veces logro plasmar algo con el objetivo de mi cámara. El recorrer barrios durante la semana da la oportunidad de conocer su vida cotidiana, cómo son mimadas sus puertas y aceras entre las vecinas que parecen estar en una competición de quién las deja más brillantes. Curiosamente esos barrios que no pocos habitantes de Antequera desconocen, cuando comento sobre las panorámicas espectaculares desde la ermita de Veracruz por ejemplo, descubro con asombro que no las han visto nunca porque no se atreven a subir, es que ese barrio… Pues resulta que no son solo admirables sus vistas, sino que también hay más limpieza en esas calles que en las de barrios más céntricos, donde los vecinos no parecen tan identificados con su entorno, más allá de alabar en redes las fotos de mi Antequera monumental y qué bonita y qué ciudad como ninguna.

En el caminar mañanero noto que se ha mejorado bastante en eliminar barreras típicas de barrios antiguos, hay más rampas para evitar escaleras y bordillos, ¿se nos hace más fácil pasear? Pues no, han nacido nuevas barreras: los coches en las aceras, que ya forman parte del paisaje urbano y que de manera natural se tolera, se tolera que el peatón se baje de la acera dando protagonismo al coche y que además tenga que sortear al vehículo que circula por la calzada, que de manera obligada has tenido que ocupar tú como peatón. Falta de civismo, me dicen cuando lo comento con cierto disgusto, sí, y falta también de que alguien con autoridad recuerde que las aceras son para los peatones y calzada para los coches, es como el arriba y abajo de Barrio Sésamo.
La gente es sucia y por eso están así los contenedores, la gente es incívica. Pues alguien tendría que recordar, y en ocasiones obligar, a cumplir las normas, que no es agradable claro, que no es muy popular pues también, pero entonces de igual mera podemos descuidar nuestras responsabilidades con los hijos, dejarlos hacer, no cumplir horarios y otras múltiples maneras de no educarlos en la libertad y el respeto. También en normas y reglas sociales que nos hemos dado entre todos.
Resulta que vivir en sociedad conlleva eso, el respeto a los demás, el sentirte identificado con tu entorno y quererlo más allá de deshacerme en elogios de la foto monumental.
¿Qué pasa, que descubro ahora esa Antequera? Qué va, para nada, esto lo llevo comentando mucho tiempo, lo que sucede es que ahora entra en mi día a día con más fuerza. Bien es verdad que algunos de esos enfados durante el paseo los desactiva un buenos días de alguien que no conoces.
Son reflexiones que pueden acabar escritas y momentos para pensar en nuevos proyectos, pues ahora hay una frase que me repiten y recibo con agrado: Oye ahora que estás jubilada por qué no hacemos….
Bueno, dejo de escribir, que me esperan y tengo que preparar una actividad que me han propuesto. Mientras termino de teclear en el portátil me ronda una nueva cosa que aprender: a gestionar mi tiempo, ahora me resulta agradablemente más complicado vivir en esta cierta anarquía.

