Imaginen que estamos en los años 70 del siglo pasado, y que el mundo está dividido en dos grandes bloques enfrentados entre sí, que no tiene ningún inconveniente en amenazarse mutuamente con la aniquilación nuclear. Imaginen en que existe un cronista excepcional de ese momento histórico y que se llama John Le Carré. Ha sido espía y se dedica a contarlo.
Hay que imaginar que la novela emblemática de esa época se llama El topo y que fue escrita por Le Carré: agente británico en los años 50 y 60, abandonó el servicio de Su Majestad precisamente para escribir, y se sirvió de su experiencia en torno al caso de los “cinco traidores de Cambridge”, cinco altos funcionarios británicos de la burguesía más acomodada, que eran agentes soviéticos por acción y convicción.
Inspirándose en esta historia Le Carré escribió El topo y publicó la novela en 1974. Es la primera de la trilogía de Carla, el así llamado personaje que es jefe de los servicios secretos soviéticos, y la tercera novela en la que aparece Smiley, su homólogo británico.
Le Carré retrata un mundo fascinante de espías que son oficinistas, entrados en años y sobrados de kilos. Que se rodean de torres polvorientas de documentos de todo tipo. Que se diferencian muy poco de los burócratas soviéticos. Tanto en un bando como en el otro, cualquier manifestación de violencia en su duelo particular se vive como un fracaso.
A quien quiera conocer el fascinante universo de Le Carré yo le recomiendo vivamente que empiece por El topo, y que continúe por todas las novelas en las que aparece Smiley, hasta llegar prácticamente a nuestros días. Porqué John Le Carré no dejó de escribir hasta su muerte —a los 89 años en 2020— con una maestría insuperable. Además, adaptándose a los momentos actuales y escribiendo sobre el Brexit y sobre ese mundo decadente de los espías actuales, en el que las máquinas son carísimos juguetes que desplazan a los que antaño fueron serios y aburridos agentes. Pero no se lo imaginen: léanlo.

