Antequera, el tesoro verde

En el año 2016 El Torcal y la Peña de los Enamorados pasaban a tener categoría de valor internacional al entrar en el espacio declarado como Patrimonio Mundial, dentro del Sitio de los Dólmenes. Parecía que de esta forma se devolvía a la ciudad el reconocimiento de sus espacios naturales con la categoría que les correspondía. Sin embargo, cinco años después, y a pesar de ser dos de los espacios naturales más singulares y reconocidos de Andalucía, su protección sigue estando muy lejos de lo que merecen sus valores. Pero no son los únicos, porque Antequera no es solo un crisol de culturas y una joya monumental; nuestra ciudad —la ciudad de El Torcal— es también un tesoro verde.

El Torcal fue reconocido en 1929 como Sitio Natural Protegido de Interés Nacional, lo que ocurría poco después de que Ordesa y Covadonga fueran declarados los primeros Parques Nacionales de España, uno de los países pioneros en la protección de espacios naturales. Esta clara visión de protección de la sierra antequerana por parte de los legisladores de principios del siglo XX se mantuvo en las sucesivas legislaciones nacionales y autonómicas, aunque no con el nivel que realmente le corresponde.

El Torcal y la Peña de los Enamorados son dos de las imágenes de espacios naturales más singulares no solo de nuestro término municipal, sino de la provincia malagueña y de Andalucía. ¿Pero por qué su protección sigue siendo tan ínfima? En el caso de la Peña, la respuesta es evidente, porque cualquier tipo de protección habría puesto en peligro proyectos de infraestructuras tan importantes como la autovía A-92 o la vía férrea de alta velocidad. Aunque aquí cabe preguntarse si es incompatible el desarrollo con la protección. Pues en este caso la respuesta puede buscarse en el Parque Natural de los Alcornocales, atravesado por una autovía en la que se tomaron las medidas necesarias para minimizar el impacto.

¿Por qué la protección sigue siendo tan ínfima?

Estoy centrándome en dos ejemplos, por ser tal vez los más significativos. Pero no debemos olvidar la Sierra del Agua, la de las Cabras o Camarolos. Todas ellas en la línea de los que se llama la Alta Cadena Malagueña o Arco Central Malagueño. En cualquier caso, una zona que ha sido declarada Zona de Especial Conservación (ZEC) por la Comisión Europea, mientras que en la legislación autonómica no cuentan con una protección específica, amparándose en que ya se encuentran incluidas en la Red Natura 2000.

La declaración de la Sierra de la Nieves como Parque Nacional debe hacernos reflexionar sobre los tesoros naturales que, a veces, por estar en una provincia en la que la Costa tiene un enorme peso específico, pasan desapercibidos. Es cierto que existen muchas dudas respecto a las posibles restricciones que conllevan estas figuras de protección. Pero el mismo caso de la Sierra de las Nieves debe abrirnos los ojos, puesto que la promoción que ha supuesto para la zona ha sido tremenda.

El Torcal, la Peña, Camarolos… o la Vega, una reliquia geológica que forma parte de lo que los geólogos denominan el Trías de Antequera, utilizando como apellido el nombre de la ciudad porque es en su término municipal donde se concentra la mayor singularidad de este espacio. Valores todos ellos que merecerían una profunda reflexión sobre la necesidad de su ordenación y su puesta en valor. Porque la protección no está, ni mucho menos, reñida con su utilización como recurso. Tomen nota.