De la falta de respuestas a la ausencia de preguntas

Los periodistas sobramos en los medios de comunicación. Somos un estorbo. Nos empeñamos en preguntar y preguntar. La mayoría de estas preguntas, a lo largo de la historia del Periodismo, han sido insatisfactoriamente  contestadas o, simplemente, desoídas. Ha sido entonces cuando este oficio de tinieblas ha justificado su existencia, porque quien no puede dar explicaciones a la opinión pública, o las da de forma deficiente, queda automáticamente inhabilitado para según qué responsabilidades.

El ser humano busca una cura para cada enfermedad. Y para acabar con el escrutinio público y la libertad de expresión, nada mejor que eliminar la infección de las preguntas. Para que haya preguntas tiene que haber periodistas. Mantengamos a los profesionales de la comunicación, pues, en otra habitación ante una pantalla de plasma. O mejor aún: tengamos a los periodistas en la misma sala, como adorno a las cualidades del poderoso. Pero callados. Ni siquiera hace falta que aplaudan.

Me pregunto qué clase de profesionales dirigen los grandes medios de comunicación españoles. Me pregunto por qué no se les cae la cara de vergüenza, cuando envían a sus redactores a “actos de comunicación” en los que son convidados de piedra.

Los directores de los medios son cómplices del intento de desactivar la libertad de expresión en España. Cómplices cuando colaboran con los políticos en ocultar lo que deberíamos saber todos. Cómplices cuando reducen las plantillas hasta hacer imposible un producto periodístico de calidad. Cómplices cuando rebajan los sueldos a niveles de subsistencia. Cómplices cuando ordenan trabajar a destajo. Cómplices cuando intercambian halagos sonrojantes por publicidad. Cómplices cuando desean ser políticos y permiten que los políticos les sugieran contenidos. Cómplices cuando imponen el silencio.

El periodismo español tiene al verdadero enemigo en casa. Las presiones políticas y económicas son un mal crónico. Pero antes, por lo menos, al periodista le llegaban desde fuera, y tenía en los responsables de los medios a un compañero con el que compartía valores profesionales. Lastimosamente, los responsables de los medios se han convertido en mercaderes que sólo piensan en el poder y el dinero.