Cuando me invitaron a compartir este espacio bloguero —La Stoa—, cosa que agradecí, pensé que los más allegados podrían ya estar inmunizados de mis reflexiones. Bueno, son décadas expresándolas… En esta ocasión me siento en esta pequeña plaza pública para decir que me han condenado: me han echado un año y dos meses más para jubilarme. ¡Sorpresa: ya hablo de jubilación! Y luzco, cual vestido que estrenábamos el Domingo de Ramos, los 65 años que cumplo.
