Valores y calidad de la educación

La vida va discurriendo sin prisa pero, inexorablemente, sin pausa. Y fruto de este devenir es la nueva etapa que ahora estoy viviendo y que me permite disfrutar plenamente de pequeños placeres que durante muchos años he tenido dosificados. Uno de ellos es escuchar la radio y no tener que saltarme la “paja” pues estoy aprendiendo que a través de ella también obtienes información, conocimiento y comprensión del mundo que nos rodea. Hace pocas fechas, en la pausa de uno de mis programas favoritos me asaltaron los segundos promocionales de un centro de enseñanza en su legítimo afán por captar alumnado; vamos, por captar familias dispuestas a confiarles la educación de sus hijos e hijas. La cuña publicitaria relataba todas las bondades presentes y futuras que ofertaba el centro. Pero me llamó la atención cuando ponía gran énfasis en dejar claro que se educaba en valores.

Me hizo cavilar…. ¿Así, en general? ¿Nombrar la palabra valores ya es garantía y sinónimo de educación de calidad? ¿Qué valores promulga? ¿Son valores distintos de los que educa en la enseñanza pública y que están consensuados y aceptados por la sociedad? Porque el principal valor de la escuela pública es ser el vehículo a través del cual se crea un mundo mejor, más justo, inclusivo, equitativo e intercultural, formado por una ciudadanía crítica, responsable y capaz de asumir nuevos retos y comprometerse con la sociedad actual, globalizada y compleja socialmente.

La escuela pública cree en la igualdad de oportunidades con independencia del sexo, raza, clase social, origen, cultura, nacionalidad, religión… abriendo sus puertas a todos los niños y niñas, haciendo de este principio un elemento de nivelación social y cultural, y centro de convivencia donde el alumnado se educa en un ambiente natural, porque reproduce la composición de la sociedad. Ensalza los valores igualitarios rechazando actitudes discriminatorias de cualquier tipo, respetando las diferencias individuales y trabajando para que cada uno de los alumnos y alumnas se sientan seguros, protegidos y valorados.

La escuela pública garantiza y salvaguarda los valores imperantes en nuestra sociedad: costumbres, hábitos de consumo y desarrollo sostenible, productos culturales, respeto al medio ambiente, promoción de la salud como recurso para el desarrollo personal y social, educación afectivo-social, trabajando la tolerancia para lograr una convivencia enriquecedora y armónica. Pero bajándonos al terreno práctico, quiero destacar el valor y la utilidad que asume la escuela pública tanto como elemento nivelador de desigualdades como de inclusión de todos y todas.

… la escuela pública siempre es abierta, acoge a todos los niños y niñas sean cuales sean sus capacidades y dificultades, considerando las diferencias individuales como un valor…

En cualquier punto de la geografía que pensemos, desde las grandes ciudades, donde indiscutiblemente la oferta es más amplia, hasta los lugares con menos población hay establecidas actuaciones que permiten a todo el alumnado acceder a la escuela, estableciendo medidas prácticamente a la carta para dar respuesta a todas las realidades, realizando inversiones cuyo único rendimiento es el social y contribuyendo a disminuir la brecha de la desigualdad en la sociedad.

Por otro lado, la escuela pública siempre es abierta, acoge en ella a todos los niños y niñas sean cuales sean sus capacidades y dificultades, considerando las diferencias individuales como un valor y no como una dificultad, educando en contextos de diversidad y a la vez procurando la máxima calidad en los aprendizajes, ofreciéndole a cada uno de nuestros niños, de nuestras niñas, lo que necesita en cada momento evolutivo y tratando de desarrollar al máximo todas sus capacidades, asumiendo la diversidad y la diferencia —que no la desigualdad— de la vida escolar como un valor, ya que el compartir espacios y aprendizajes beneficia a todo el alumnado, proporciona una lección de vida que afianza una cultura y una forma de ser y comportarse basadas en el respeto a los demás, la inclusión y las ideas democráticas y solidarias, aprehendiendo los hábitos cívicos y morales necesarios para una sociedad inclusiva practicándolos en los contextos de vida real. Por esta razón, es necesario garantizar que todas las escuelas e institutos sean espacios de vida democrática y, en consecuencia, espacios en los que la diversidad y el pluralismo estén presentes.

La escuela pública, como he expuesto más arriba, tiene el compromiso de promover experiencias de convivencia y de aprendizaje en la diversidad, y de ofrecer las condiciones de aprendizaje que en virtud de las diferencias individuales sean necesarias. Educa en valores.