Cuando me invitaron a compartir este espacio bloguero —La Stoa—, cosa que agradecí, pensé que los más allegados podrían ya estar inmunizados de mis reflexiones. Bueno, son décadas expresándolas… En esta ocasión me siento en esta pequeña plaza pública para decir que me han condenado: me han echado un año y dos meses más para jubilarme. ¡Sorpresa: ya hablo de jubilación! Y luzco, cual vestido que estrenábamos el Domingo de Ramos, los 65 años que cumplo.
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Llamada a la insurrección
La insurrección del siglo XXI se hace con el pensamiento. Siguen existiendo las rebeliones violentas, los baños de sangre y las represiones brutales. Cierto. Pero son revoluciones —y reacciones— presentes realizadas con métodos arcaicos, los que se aplicaron en el siglo pasado, el de las atrocidades, con máxima eficiencia. En este minuto, para ser un insurrecto no hay que mancharse las manos, sino que sobre estas ha de apoyarse un buen libro. Y después prender una lenta mecha ante la pantalla de un dispositivo electrónico. Sigue leyendo
Ninguna mirada se cruza con otra
No sabría decir cuántas posibilidades existen de que haya seis personas en una foto y ni una sola de ellas observe a cualquiera de las demás. Ninguna mirada se cruza con otra. No, no es un efecto de la pandemia, no hay mascarillas y en la clara distancia “de seguridad” no hay la más mínima preocupación por la seguridad. Pero un narrador homologado no debe ocultar información al lector, se truncaría una relación que debe ser de absoluta confianza. Así que desvelemos que la fotografía fue tomada en septiembre de 2017, en la High Line de Nueva York, y más concretamente en las gradas de la calle 23.
La High Line es un antiguo trazado ferroviario de casi dos kilómetros y medio de longitud, reconvertido en “vía verde”. Los viandantes —nunca mejor llamados así— pasean a varios metros de altura entre jardines, fuentes, algún vetusto edificio de rancia filiación neoyorquina y deslumbrantes rascacielos. Junto al mercado de Chelsea está uno de sus accesos, y allí se encuentra el anfiteatro de la calle 17, donde cómodamente sentados y a través de un cristal los curiosos contemplan, a sus pies, el trajín del tráfico en la 10ª avenida.
Pero volvamos a la imagen. Dos de sus protagonistas están absortos en sus teléfonos móviles, otras dos llevan gafas de sol y miran hacia su derecha, un hombre hace ejercicio y una mujer, algo más apartada, tiene unos auriculares prendidos en sus orejas y lee un libro.
La figura que domina el centro es una mujer canosa y, efectivamente, protege sus ojos con lentes oscuras. La mochila sujeta a la espalda y el plano —¿es un plano?— entre sus manos la delatan: es una turista. Luce media sonrisa, pero sin chispa, sin duda algo cansada por el desgaste de una jornada de recorrido por Manhattan.
Tenemos el escenario y los protagonistas, conocemos el entorno más próximo a través del narrador, que ni siquiera sabe que también es considerado un personaje
Tenemos el escenario y los protagonistas, conocemos el entorno más próximo a través del narrador, que ni siquiera sabe que también es considerado un personaje. Pero en todo relato —fotográfico en este caso— hay una mano negra que mueve los hilos, que se oculta bajo múltiples apariencias para hacer y deshacer a su antojo. El villano —pues villano se ha de ser para no dar la cara— es el autor.
Desconocemos la apariencia del autor de la imagen, por qué eligió ese encuadre y no otro, cuál es la razón de que una determinada figura ocupe el centro y las demás orbiten a su alrededor. ¿Hizo una sola instantánea o fueron varias? Si fueron varias, ¿por qué esta y no otra? Una vez elegida, ¿por qué la editó en blanco y negro, descartando el resto de tonalidades?
La narrativa y la lectura —Jano Bifronte, Cástor y Pólux, Rómulo y Remo: pares inseparables— están preñadas de preguntas, y las respuestas varían de lector en lector, en el mismo lector según el día y el estado de ánimo, cuando dos lectores se encuentran e intercambian impresiones. Leer una foto es como leer un libro, interpretar las imágenes equivale a componer palabras. Tal vez más de una persona lea este texto y esta fotografía, y quiera completar su propia narración.
Valores y calidad de la educación
La vida va discurriendo sin prisa pero, inexorablemente, sin pausa. Y fruto de este devenir es la nueva etapa que ahora estoy viviendo y que me permite disfrutar plenamente de pequeños placeres que durante muchos años he tenido dosificados. Uno de ellos es escuchar la radio y no tener que saltarme la “paja” pues estoy aprendiendo que a través de ella también obtienes información, conocimiento y comprensión del mundo que nos rodea. Hace pocas fechas, en la pausa de uno de mis programas favoritos me asaltaron los segundos promocionales de un centro de enseñanza en su legítimo afán por captar alumnado; vamos, por captar familias dispuestas a confiarles la educación de sus hijos e hijas. La cuña publicitaria relataba todas las bondades presentes y futuras que ofertaba el centro. Pero me llamó la atención cuando ponía gran énfasis en dejar claro que se educaba en valores. Sigue leyendo
Abrázame
Nunca un abrazo dio tanto de qué hablar, ni nunca fue tan necesario. Nunca fue tan merecido, ni tan íntimo. Luna y Abdou se fundieron en un abrazo tan natural que la mayoría de las personas, mientras veíamos las imágenes, pensábamos que también nosotros querríamos estar abrazados en ese momento. Sigue leyendo
Ardió Troya y Ulises se fue de crucero
Un 16 de abril de hace 3.200 años Ulises asesinó a los muchos pretendientes de Penélope que habían invadido su casa y rapiñado su hacienda. Diez años antes, en el 1188 antes de Cristo, nuestro héroe había participado en la destrucción de Troya. Se lo comenté a L., pensaba que se sorprendería por este alarde de precisión cronográfica, derivada del estudio científico de eclipses y otros detalles cósmicos que Homero deslizó en sus composiciones. Pero ella se limitó a asentir y dio un par de puntadas más; pensé que en esa tarea tal vez pudiera esperar mi regreso durante una larga década. Sigue leyendo
Añoranza de los espías
Imaginen que estamos en los años 70 del siglo pasado, y que el mundo está dividido en dos grandes bloques enfrentados entre sí, que no tiene ningún inconveniente en amenazarse mutuamente con la aniquilación nuclear. Imaginen en que existe un cronista excepcional de ese momento histórico y que se llama John Le Carré. Ha sido espía y se dedica a contarlo. Sigue leyendo
En busca de la vacuna generacional
Suena el móvil, típica hora inoportuna en la que sabes te van a ofrecer que cambies de compañía telefónica. Contestas seria y con desgana dispuesta a rechazar la oferta con cierta amabilidad, no puedo dejar de pensar que tras esa voz hay alguien trabajando y merece un respeto. La persona, que no la compañía anunciante. Sí, dígame. Esa voz me pregunta si soy yo y me cita para vacunarme, segundos de sorpresa y algunos latidos de corazón acelerados. Sigue leyendo
"Luz de agosto" para personajes errantes
Yo era aún un cándido adolescente cuando me atreví con una novela de William Faulkner, El ruido y la furia. No recuerdo exactamente cuántas páginas leí pero puedo asegurar que fueron escasas. Desde entonces han pasado unas pocas décadas y algunos otros libros de autores diversos. Tenía una deuda, sí. Que al fin he saldado con Luz de agosto (Alfaguara, 2010) y puedo decir que en parte gracias a las nuevas tecnologías. Sigue leyendo
La terna pitagórica y "Playa del Gato"
Un ángulo recto es el formado por dos sofás de desigual tamaño en un salón, asomados a una pantalla tangencialmente presente. La línea mágica de la pantalla forma la hipotenusa y los dos catetos se asientan sobre los cojines. Hay quien llama a estos tres elementos, con lirismo, terna pitagórica. Sobre el extremo del sofá mayor está encendida la lámpara de Ikea, apoyada en una impresora. Ilumina un ejemplar de la colección Manguta de Libros, sostenido por las manos de L., quien lee tumbada. Lleva unas semanas diseccionando las micronovelas. Bucea y compara. Emite esporádicos sonidos, cuya transcripción fonética es irrelevante. Tan solo señalo que abarcan un arco (esto es, un fragmento de circunferencia) desde el punto “interesada” al punto “risueña”. Sigue leyendo
