Recreación de la vista de la laguna y la Peña desde el dintel del dolmen

La montaña, la laguna y el ciclópeo dintel

De espaldas al dintel aquella persona, a la que llamaremos “A.”, sintió en su piel la brisa fresca de la amanecida. Aún no había salido el sol, pero ya se abría paso en el cielo una claridad creciente. A su derecha brotarían los primeros rayos de luz solar. Aun así su mirada permanecía atenta al frente, intentando distinguir en la penumbra el perfil de la montaña mística, anclada a poco más de cinco kilómetros de distancia. En pocos minutos el mundo conocido volvería a contemplar, asombrado, las claras líneas de un gigantesco rostro humano, rigiendo el transcurso de la vida. Cuando el cielo se manchó de un tono rosado la Peña desveló de nuevo su presencia colosal. A los pies de A. el sol, el cielo, la montaña, el ciclópeo dintel… se reflejaron sobre las aguas tranquilas, salobres y quietas, de la laguna que cubría la que miles de años después sería conocida como la Vega de Antequera. Sigue leyendo

Las plazas públicas han muerto

Las plazas públicas han muerto

“La vida privada en Rusia ha muerto”, decía el temible bolchevique Strelnikov —la cara hendida por la huella de un sable zarista— ante un turbado doctor Zhivago. Yo contenía la respiración, a riesgo de morir asfixiado durante las tres horas y cuarto de la película. La última palabra se quedó flotando como una pompa de jabón, “… muerto … muerto…” Pero era otra voz, no la de mi atormentado bolchevique, sino la de L. “¿Me escuchas? Que digo que en este pueblo las plazas públicas han muerto”. Para entonces Zhivago había sido devuelto, ileso, al vagón de ganado en el que viajaba hacia los Urales. Sigue leyendo

El Torcal de Antequera

Antequera, el tesoro verde

En el año 2016 El Torcal y la Peña de los Enamorados pasaban a tener categoría de valor internacional al entrar en el espacio declarado como Patrimonio Mundial, dentro del Sitio de los Dólmenes. Parecía que de esta forma se devolvía a la ciudad el reconocimiento de sus espacios naturales con la categoría que les correspondía. Sin embargo, cinco años después, y a pesar de ser dos de los espacios naturales más singulares y reconocidos de Andalucía, su protección sigue estando muy lejos de lo que merecen sus valores. Pero no son los únicos, porque Antequera no es solo un crisol de culturas y una joya monumental; nuestra ciudad —la ciudad de El Torcal— es también un tesoro verde. Sigue leyendo

Erasmus+ Imagine

Construyendo Europa desde Antequera

El IES Pedro Espinosa de Antequera ha salido recientemente en los medios por haber ganado el Premio Europeo a la Enseñanza Innovadora 2021, por el proyecto ERASMUS+ “IMAGINE”, coordinado por nuestros socios y amigos croatas. Es un gran orgullo para todo el equipo de profesionales que de una manera u otra nos hemos implicado en llevarlo a buen puerto. Sigue leyendo

Se abre un nuevo tiempo a los 65 años

La revolución a los 65 años

Cuando me invitaron a compartir este espacio bloguero —La Stoa—, cosa que agradecí, pensé que los más allegados podrían ya estar inmunizados de mis reflexiones. Bueno, son décadas expresándolas… En esta ocasión me siento en esta pequeña plaza pública para decir que me han condenado: me han echado un año y dos meses más para jubilarme. ¡Sorpresa: ya hablo de jubilación! Y luzco, cual vestido que estrenábamos el Domingo de Ramos, los 65 años que cumplo.

Sigue leyendo

Ninguna mirada se cruza con otra

Ninguna mirada se cruza con otra

No sabría decir cuántas posibilidades existen de que haya seis personas en una foto y ni una sola de ellas observe a cualquiera de las demás. Ninguna mirada se cruza con otra. No, no es un efecto de la pandemia, no hay mascarillas y en la clara distancia “de seguridad” no hay la más mínima preocupación por la seguridad. Pero un narrador homologado no debe ocultar información al lector, se truncaría una relación que debe ser de absoluta confianza. Así que desvelemos que la fotografía fue tomada en septiembre de 2017, en la High Line de Nueva York, y más concretamente en las gradas de la calle 23.

La High Line es un antiguo trazado ferroviario de casi dos kilómetros y medio de longitud, reconvertido en “vía verde”. Los viandantes —nunca mejor llamados así— pasean a varios metros de altura entre jardines, fuentes, algún vetusto edificio de rancia filiación neoyorquina y deslumbrantes rascacielos. Junto al mercado de Chelsea está uno de sus accesos, y allí se encuentra el anfiteatro de la calle 17, donde cómodamente sentados y a través de un cristal los curiosos contemplan, a sus pies, el trajín del tráfico en la 10ª avenida.

Pero volvamos a la imagen. Dos de sus protagonistas están absortos en sus teléfonos móviles, otras dos llevan gafas de sol y miran hacia su derecha, un hombre hace ejercicio y una mujer, algo más apartada, tiene unos auriculares prendidos en sus orejas y lee un libro.

La figura que domina el centro es una mujer canosa y, efectivamente, protege sus ojos con lentes oscuras. La mochila sujeta a la espalda y el plano —¿es un plano?— entre sus manos la delatan: es una turista. Luce media sonrisa, pero sin chispa, sin duda algo cansada por el desgaste de una jornada de recorrido por Manhattan.

Tenemos el escenario y los protagonistas, conocemos el entorno más próximo a través del narrador, que ni siquiera sabe que también es considerado un personaje

Tenemos el escenario y los protagonistas, conocemos el entorno más próximo a través del narrador, que ni siquiera sabe que también es considerado un personaje. Pero en todo relato —fotográfico en este caso— hay una mano negra que mueve los hilos, que se oculta bajo múltiples apariencias para hacer y deshacer a su antojo. El villano —pues villano se ha de ser para no dar la cara— es el autor.

Desconocemos la apariencia del autor de la imagen, por qué eligió ese encuadre y no otro, cuál es la razón de que una determinada figura ocupe el centro y las demás orbiten a su alrededor. ¿Hizo una sola instantánea o fueron varias? Si fueron varias, ¿por qué esta y no otra? Una vez elegida, ¿por qué la editó en blanco y negro, descartando el resto de tonalidades?

La narrativa y la lectura —Jano Bifronte, Cástor y Pólux, Rómulo y Remo: pares inseparables— están preñadas de preguntas, y las respuestas varían de lector en lector, en el mismo lector según el día y el estado de ánimo, cuando dos lectores se encuentran e intercambian impresiones. Leer una foto es como leer un libro, interpretar las imágenes equivale a componer palabras. Tal vez más de una persona lea este texto y esta fotografía, y quiera completar su propia narración.

Luz de agosto para personajes errantes, por Salvador Rivas

"Luz de agosto" para personajes errantes

Yo era aún un cándido adolescente cuando me atreví con una novela de William FaulknerEl ruido y la furia. No recuerdo exactamente cuántas páginas leí pero puedo asegurar que fueron escasas. Desde entonces han pasado unas pocas décadas y algunos otros libros de autores diversos. Tenía una deuda, sí. Que al fin he saldado con Luz de agosto (Alfaguara, 2010) y puedo decir que en parte gracias a las nuevas tecnologías. Sigue leyendo

Chupitos de ironía en cada línea, por Salvador Rivas

Chupitos de ironía en cada línea

La uruguaya es una novela escrita y/o leída a ritmo de paso legionario

La autoficción es una plaga, cuando no un engaño. Vamos a ver, ¿qué obra literaria no es una ficción construida con jirones de la experiencia vital del autor? El simple hecho de escribirla, ¿no es ya un fragmento de su vida profundamente inserto en la obra? Así se lo decía yo a L. una mañana de sábado, con un libro entre las manos, el aroma del café caliente masajeando mi nariz y la boca medio llena. Estábamos en una cafetería luminosa con grandes ventanales, a través de ellos veíamos pasar a los transeúntes. Llevábamos tres días fuera de casa, cortando amarras con cuidado para poder volver a usarlas a la vuelta del puente. La autoficción, sí, vaya fastidio. Y yo miraba el libro, que había comprado a raíz de que, a causa de su muy bien lograda autoficción, el autor y su esposa habían tenido que organizar una barbacoa con sus amigos para desmentir que se hubieran separado. Porque escribes una novela y tus conocidos creen que todo te pasó a ti de verdad. Ni en las autobiografías ocurre eso.

Sigue leyendo

La ironía mató a Isaak Bábel, por Salvador Rivas

La ironía mató a Isaak Bábel

El autor soviético arroja a la cara en “Caballería roja”, con admirable concisión, la facilidad con que aflora la brutalidad en el ser humano

Fue pocas semanas antes de que cerraran nuestra cafetería de los desayunos del fin de semana. Creíamos que iba a durar para siempre. Nos cogió por sorpresa porque la relación era reciente. Poco más de dos años. Pero un sábado como otros pocos, con el periódico bajo el brazo, en vez de con el café nos encontramos con la persiana metálica echada, y un cartel que rezaba: Se traspasa. Yo le susurré a L.: “No puede ser… Aquí nada dura nada…”. Me miró asombrada: “Nos gustaba su tranquilidad, ¿qué esperabas?”. Pero pocas semanas antes, digo, aún podíamos unir dos mesas y desplegar el periódico sobre ellas, mancharlo de aceite e interrumpir continuamente la lectura del otro declamando párrafos subjetivamente interesantes. Una vez L. derramó el zumo de naranja sobre la sección de Internacional y nunca estuvo el mundo mejor vitaminado. Sigue leyendo

Brujas, genios, sacrificios humanos y una inspectora de policía en el Valle del Baztán, por Salvador Rivas

Brujas, genios, sacrificios humanos y una inspectora de policía en el Valle del Baztán

Cuando compré el libro me sonaba vagamente que formaba parte de una trilogía. Lo tuve muchos meses sobre la repisa de la salita. No me acordaba de que estaba allí. Bueno, en realidad ni siquiera me acordaba de haberlo comprado. Un buen día lo descubrí medio sepultado por una capa de polvo y decidí llevármelo a la cama. Antes le pasé el plumero. Esa noche L. encendió su ebook y miró de reojo el volumen que yo tenía entre las manos. Me dijo: “Ése es el segundo libro de la trilogía que yo estoy leyendo”. Pensé que era una suerte: cuando acabara el que tenía entre mis manos retrocedería al primero y después saltaría al tercero. Fácil, ¿no? Así fue como entré en el mundo de la Trilogía del Baztán (Dolores Redondo, Editorial Destino, 2015). Unas 1.600 páginas de brujas, genios, sacrificios humanos y una inspectora de policía en lucha consigo misma. Una excelente muestra del género negro con vetas del fantástico y de la intriga psicológica. Sigue leyendo