Conocer las vistas desde el Empire State Building es imprescindible para demostrar que se ha visitado Nueva York. Las imágenes más clásicas y románticas de la ciudad tienen allí su hogar. Merece la pena permanecer largos minutos en la cola y pasar los controles de seguridad. Cuando miras y te das cuenta de que, efectivamente, puedes rascar el cielo, se agradece cualquier espera. Los sentidos se agudizan y la vista registra a velocidad de vértigo imágenes para el recuerdo. Como la que durante unos breves segundos protagonizó un joven que, en su silueta, encarnaba todo un cliché: mochilero con la visera de la gorra vuelta del revés, observando la inmensa capital del mundo. Un observador que, a su vez, era observado por mí. Se detuvo el tiempo justo para apretar el disparador; entonces se giró y se fue. Agradecí profundamente al arquitecto del edificio, William F. Lamb, el retranqueo y la cisura de la fachada, elementos que facilitan ser origen y destino de múltiples puntos de vista. La fotografía está tomada en septiembre de 2017.
