Acumulación de colores en el río Tinto

El río Tinto devora el cielo

No hay manera de despegar los ojos del suelo. Inclina la cerviz, sí, y muéstrate humilde. Cobre azufre hierro —así, sin comas— azul amarillo rojo. Guijarros piedras rocas —con pinturas de guerra— barro seco agrietado. Sobre una roca lisa en la cúspide L. leía un libro en el móvil. Cubría su cabeza con un sombrero de mimbre y la sombra del ala ancha cobijaba su cara. Tumbada, su cuerpo se inclinaba ligeramente sobre la fina lámina de agua, intensa como la sangre. Bien pudiera ser una víctima propiciatoria sobre el altar del sacrificio. El río Tinto era un imán que anclaba la vista, devoraba el cielo y lo borraba de nuestros sentidos. Pero yo me escabullía, sabía que había algo más, y de repente vi emerger del agua aquella pequeña bola de fuego. Sigue leyendo

Rascar el cielo en Nueva York

Rascar el cielo en Nueva York

Conocer las vistas desde el Empire State Building es imprescindible para demostrar que se ha visitado Nueva York. Las imágenes más clásicas y románticas de la ciudad tienen allí su hogar. Merece la pena permanecer largos minutos en la cola y pasar los controles de seguridad. Cuando miras y te das cuenta de que, efectivamente, puedes rascar el cielo, se agradece cualquier espera. Los sentidos se agudizan y la vista registra a velocidad de vértigo imágenes para el recuerdo. Como la que durante unos breves segundos protagonizó un joven que, en su silueta, encarnaba todo un cliché: mochilero con la visera de la gorra vuelta del revés, observando la inmensa capital del mundo. Un observador que, a su vez, era observado por mí. Se detuvo el tiempo justo para apretar el disparador; entonces se giró y se fue. Agradecí profundamente al arquitecto del edificio, William F. Lamb, el retranqueo y la cisura de la fachada, elementos que facilitan ser origen y destino de múltiples puntos de vista. La fotografía está tomada en septiembre de 2017.